Arequipa, durante el periodo virreinal no tuvo nunca un estatus oficial importante, pero en cambio se impuso por su sobresaliente papel económico. En efecto, muy temprano supo aprovechar de su situación de encrucijada continental en la ruta de la plata en tiempos coloniales y la ruta de la lana después de la independencia. Esta posición privilegiada le permitió acumular funciones administrativas, comerciales e industriales, y forjar clases sociales locales comprometidas con el porvenir de la ciudad.19 Es así que Arequipa tiene un rol particular a la hora de analizar el surgimiento de los partidos y las tendencias políticas que han jugado un papel central en el Perú. A diferencia de la mayoría de ciudades, Arequipa aportó no sólo cuadros políticos o personajes notables a la política nacional,46 sino que fue el escenario del surgimiento de varios movimientos políticos importantes que alcanzaron vigencia nacional.47
A partir de la segunda década del siglo XIX hasta finales de la misma década se forjó una sociedad de transición en el Perú,48 asimismo los pilares económicos sobre los que la ciudad basaba su sostenimiento — la manufactura de la lana y el Ferrocarril del Sur — comienzan a decaer y por esta y otras razones, Arequipa comienza a producir una serie de líderes políticos conformados por una creciente clase media de profesionales, intelectuales y tecnócratas, quienes tendrán participación en la defensa de la legalidad y la estabilidad económica.49 En esta etapa es durante la cual la ciudad adquiere un incremento poblacional significativo, y por otro lado una participación política destacada, consolidándose como la segunda ciudad del país, y como una ciudad en continuo desafío frente a Lima.50
En este periodo de transición surgen grupos intelectuales como el «Grupo Aquelarre», movimiento cuyas demandas se limitaron a una descentralización política, desvinculándose de demandas relacionada con la justicia social y la reforma económica, como la reforma agraria, y que fracasaron en un final abrupto como consecuencia de la Gran Depresión.51 Surgen también líderes destacados, Víctor Andrés Belaunde y José Luis Bustamante y Rivero, dejando su huella como constitucionalistas de carácter fuerte a principios de 1930, y de 1945 a 1948 José Luis Bustamante y Rivero quien sirvió como presidente del Perú.49
En 1950 el abogado Francisco Mostajo (prominente liberal arequipeño desde 1901) encabeza una revolución en Arequipa contra Odría, en 1956 el arequipeño Fernando Belaunde Terry logra obtener un gran bloque de la votación de la clase media y en 1962 y 1963 Acción Popular de Belaunde Terry con el apoyo de otro partido originario de Arequipa, Democracia Cristiana, tuvo un apoyo tan fuerte que fue suficiente para obtener la presidencia del Perú.
Con un tercio del electorado se alió con el APRA, el vestíbulo de Arequipa y sus partidarios en Lima y en otras partes del país se tornaron invencibles en 1945; tiempo después al diferir claramente las ideologías de estos demócratas de centro-derecha con el APRA, la alianza rápida y permanentemente se vino abajo.
Tendencia política[editar]
El punto de partido del camino político seguido por Arequipa está marcado por la nueva burguesía nacional, que aparece para desafiar a la élite burguesa ya existente en el Perú; en donde existía un estrato importante y creciente de personas en Perú con intereses profesionales, administrativas y comerciales.52
Desde los años 1900 el espíritu rebelde arequipeño, renace de la pluma de un grupo de intelectuales, una nueva generación de liberales caracterizados por el anticlericalismo en una sociedad sumamente católica y por su oposición al centralismo económico y político del país,53 esta oposición arequipeña a la centralización política y económica del país condujo de forma natural a una posición constitucionalista en la década de 1930 y la subsecuente adopción de ideologías Demócrata-Cristianas en las décadas de 1940 y 1950. Los abogados y la iglesia proyectaron una fuerte influencia en la política arequipeña, así como también la clase media que obtuvo mayor participación al declinada la prosperidad económica en el sur del país.49
Estos nuevos intereses toman estructura política con mayor claridad en el interior del país cuya estructura política más fuerte era la ciudad de Arequipa, y sus puntos fuertes de este potencial electoral a nivel nacional que se vio reflejada por fortaleza en la candidatura de Fernando Belaúnde Terry en las elecciones presidenciales de 1956. La región sur, dominada por la ciudad de Arequipa tiene una larga historia de separatismo con la República del Perú, y la clase alta arequipeña del siglo XX ha conservado una distintiva identidad regional.49
Levantamientos[editar]
A lo largo de la historia política de Arequipa se han suscitado múltiples levantamientos que le valieron a la ciudad el adjetivo de «El León del Sur».54 Según Leslie Bethell de la Universidad de Cambridge «si Arequipa fue la capital del liberalismo las otras regiones del Perú solo promovieron sus propios intereses a través de sus ideologías».55 otros autores concluyen que las revoluciones no fueron desarrolladas bajo intereses personales, ni los políticos que los incentivaban, sino por pasión por el derecho y la Justicia, por su fe religiosa y por su honor.
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